La crisis del sistema eléctrico en Venezuela ha cruzado una frontera peligrosa: ha dejado de ser un colapso de infraestructura para convertirse en una emergencia de salud mental silenciosa. Lo que antes era una molestia logística, hoy es un detonante constante de cortisol que mantiene a la población en un estado de alerta patológica.
Según el psicólogo Juan José Mendoza, los ciudadanos viven sumergidos en una "incertidumbre paralizante". El sistema nervioso, diseñado para responder a amenazas temporales, se encuentra hoy en un ciclo infinito de estrés. La falta de energía actúa como un disparador que anula la capacidad de planificación, dejando al individuo a merced del azar.
Mendoza explica que el racionamiento impredecible impone una "urgencia compulsiva". Los venezolanos, y especialmente los habitantes del estado Zulia —donde el calor extremo intensifica el malestar—, deben realizar tareas vitales como cocinar o trabajar en lapsos breves y caóticos, eliminando los periodos de descanso esenciales para la recuperación cerebral.
El análisis del especialista pone el foco en los sectores más frágiles de nuestra sociedad:
La estabilidad emocional se sostiene sobre el sueño, pero en Venezuela este pilar está roto. El ruido ensordecedor de los generadores eléctricos y las altas temperaturas impiden el sueño reparador, lo que incrementa la agresividad y la irritabilidad dentro del núcleo familiar.
A pesar de este panorama, reconocer que el agotamiento no es una falla personal, sino una respuesta lógica a un entorno adverso, es el primer paso para protegerse. Fortalecer los lazos comunitarios y buscar apoyo emocional son herramientas vitales para resistir. ¡Tu salud mental es prioridad, incluso en la oscuridad!
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